Volvemos de un verano en el que sí que han ocurrido cosas. El mundo cambia y no descansa ni en vacaciones: de las revueltas de Londres a las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), terminando con la última reforma constitucional. Creo que todo ello exige un cierto comentario.
Por circunstancias vacacionales llegaba a Londres justo los días en los que el Gobierno británico trataba todavía de controlar las revueltas londinenses y, la verdad, la situación me hizo reflexionar. Las imágenes que desde días antes veíamos por las televisiones de las batallas campales vividas en los barrios periféricos de la capital, contrastaban con su corazón, con un centro londinense de lujosas viviendas victorianas y cabalgatas de los mejores coches desfilando por sus calles. Un contraste que me trajo en mente el libro “1984” de G. Orwell: por un lado, esos “proles” que vivían alienados en “communities” (verdaderos guetos) hasta que un día, quien sabe, llegaran a estallar en revueltas; y, frente a ellos, los miembros del partido que vivían cómodamente “dentro del sistema”, aunque sin libertad. Porque, yo me preguntaba con mis amigos cuando veía cruzarse por las calles londienses apresuradamente a personas muy bien vestidas, con sus coches de marca, vigilados eso sí por las cámaras que llenan todo el centro de Londres: ¿de verdad serán libres o son esclavos de su trabajo y de un sistema económico-social que somete a las personas a la dictadura de la felicidad a través de la obtención de cosas materiales, del dinero…? A mayor abundamiento, pasé este verano también unos días por Marbella y en Puerto Banus me encontraba, en este mismo sentido, con el mayor de los exponentes de aquello que en un artículo llamaba el “elogio a la obscenidad”. Esa supremacía del lujo y lo suntuario a la que los romanos tuvieron que tratar de combatir en su momento ya de decadencia. Pecunia non olet… Continuar leyendo »